Vive los procesos
Escrito el 21/01/12
Hace tres años, aproximadamente, descubrí un video de un guardafauna que había logrado hacerse amigo de las orcas.
Tanto las imagenes como los hechos me resultaron, y me siguen resultando, muy conmovedoras. Me estoy refiriendo al Beto Bubas a quién, luego, tuve la suerte de conocer personalmente en uno de mis viajes al sur.
Roberto Bubas se hizo famoso por este video y su relación con las Orcas así como también por su gran aporte cientifico de investigación y dedicación a la observación de la Naturaleza -especialmente su trabajo sobre las Orcas de Chubut-.
Pero este post que decidí hacer no tiene que ver con el Beto investigador. Sino más bien con el Beto humano y sabio y poeta que, indudablemente, ha aprendido mucho de observar la/su naturaleza y nos lo hace saber a través de sus bellísimas reflexiones:
Por qué…
Tu pregunta es amarga y tu semblante triste:
“¿Por qué tanto tropiezo, tanta agonía, tanto dolor?” Has reído poco y padecido
demasiado. La felicidad se muestra inalcanzable o efímera;
esparcido por doquier el sinsabor.
Tu impotencia se ha vuelto indignación, y tu furia ha generado circunstancias de las que te has arrepentido luego.
Pero la adversidad no debió causarte sufrimiento, ni la irritación debió dar paso a tu ira.
Nada sucedió porque sí. Cada traspié, cada caída; cada golpe y cada herida,
tuvieron causas precisas que debes aprender a descubrir.
La rectitud
Actúa correctamente. Piensas que no has ganado nada antes con eso,
y todo parece indicar que es así. Junto a tu frutal que tan pausado crece,
han progresado los parásitos y prosperado la maleza inútil e invasora.
Tus virtudes han soportado cada día el pisoteo de la envidia, y a tu
alrededor parecen triunfar los mezquinos y embusteros.
Obra correctamente de todos modos. Que los abucheos de la mediocridad
no te hagan sordo al secreto que la vida susurra eternamente:
“Brindarse en rectitud, desbordar porque sí, hacer sin esperar”.
No gana nada con eso, y ve premiada su acción con la abundancia.
Agradece
Existe una razón poderosa detrás de cada sinrazón.
Invisible aún a tus ojos, detrás de cada revés hubo un motivo trascendente.
La manzana no cae lejos del árbol, a menos que al árbol lo sacudan vendavales.
Aunque no seas capaz de verlo todavía, los temporales que en tu vida han azotado
te arrojaron fuera de la senda equivocada hacia la que te dirigías inconsciente.
Acepta
Acepta la causalidad que en la adversidad se manifiesta.
Vive con consciencia cada fugaz instante de alegría y cada lento proceso de dolor.
Agradece la rudeza con que te han hostigado las tormentas.
Pronto entenderás que sin su azote no sería posible que hoy estés en el camino.
La amalgama perfecta
Detente y mira hacia atrás unos momentos.
Vuela hacia el pasado unos instantes, y que tu mirada indulgente se pose en el ayer.
Observa con atención tu transitar a través de los años vividos. Ya no volverás a
recorrer la senda andada, pero debes recordarla.
En el inacabado y tosco crisol de tu existencia, la vida ha fundido una amalgama perfecta.
Apréciala. En medio del enredo incomprensible del desorden, trazó a fuego una línea cardinal y sublime.
Nótala.
No serías quien eres de haber habido para ti un camino recto y evidente.
¿Puedes verlo? Cada cosa tuvo una razón. Todo aconteció por un motivo.
El ritmo natural
Existe una cadencia que la vida le imprime a cada cosa.
Un compás exacto que a través del tiempo eterno se desplaza.
Es la sinfonía que tañe y danza la existencia; el ritmo perfecto con que te invita el
universo a marchar.
No lo percibías cuando tu río se detuvo y sus aguas se estancaron.
Ni cuando te sorprendió la tormenta y habías perdido el rumbo.
No lo percibías cuando tu voz se hizo eco de los murmullos del corral.
Tampoco cuando habías olvidado tus sueños y perdido la fe.
Buscando el ritmo
Retírate del tiempo durante unos momentos cada día y observa el reino natural que te rodea.
No necesitas ir al mar o a la montaña para hacerlo. Todo a tu alrededor es naturaleza transmutada.
Aguza tu oído y escucha el acorde que en cada cosa creada hay subyacente. Encuentra el
ritmo con que las fuerzas naturales son mecidas. ¿Puedes percibirlo?
Vuelve cotidiano este ejercicio, y poco a poco comenzarás a desplazarte a su compás.
Pronto serás capaz de moverte con él en concordancia,
y tus pasos fluirán con facilidad y sin tropiezos.
Vive los procesos
No apures tu paso ni te salgas de la huella.
La vida trata de procesos y vivirlos es el único modo de marchar.
Si tomas atajos llegarás a todas partes a destiempo, y si te apresuras desperdiciarás la
sincronía establecida.
Que tu andar sea impecable y sereno; alerta y apacible tu mirada.
Sé extranjero en el lugar donde transitas; no te impliques en las
trivialidades de las que el suelo está atestado.
Presta atención a cada paso y elévate ante la adversidad inesperada.
Vive tus procesos con consciencia.
Recorre con donaire tu camino.
- Reflexiones de Roberto Bubas
- Danza con Orcas








