Más señales de otras culturas y formas de relacionarse entre sí y con la naturaleza. Por supuesto que no estoy sugiriendo que nos pongamos todos a hacer “water durmming” pero sí me parece interesante poder observar qué “calidad de conciencia” hubo y hay en otras culturas a lo largo de su historia.
Procedentes de la isla de Gaua, Vanuatu, donde no hay vehículos a motor y la electricidad sería desconocida si no fuera por los pequeños generadores o las placas solares que suministran corriente a las dos líneas telefónicas de la isla, estas mujeres ofrecen una danza tradicional transmitida de madres a hijas, que acompasa golpes sobre el agua para producir música y generar emociones.
Esta manera de producir música en el agua, que en un principio era un juego de las mujeres de Gaua mientras se bañaban o se lavaban en el mar, se ha convertido en una actividad cultural propia.
Queridos lectores de Suelto, se que la mayoría estamos corriendo como locos con mil cosas de un lado a otro “llegando siempre tarde donde nunca pasa nada” como nos dice Joan Manuel Serrat.
Bueno, si se sienten identificados y no tienen tiempo de ver estos dos videos ahora, les sugiero que se guarden el link a este post, o que se lo reenvién a su propia casilla de mail, y que cuando tengan 5 minutos, lo vean tranquilos.
Porque, a mi entender e intuir, acá hay una mirada muy interesante acerca de lo que nos está pasando. Sobre todo en el segundo video. Pero, ya que estamos, veamos los dos:
“La contaminación del planeta es sólo un reflejo exterior de una contaminación psíquica interior: millones de individuos incoscientes que no asumen la responsabilidad de su espacio interior.” Eckhart Tolle
Fue el hogar de nuestros ancestros y será también el de nuestros hijos y descendientes.
Pero también es el hogar de infinidad de formas de vida mineral, vegetal, animal y quién sabe otras.
Obsérvenla.
¿Pueden apreciar su belleza?
Ahora imagínenla como es en verdad. En movimiento constante, al ritmo de las mareas y de los vientos, inhalando, exhalando, como un gran niño-adulto que gira y danza por el universo.
Sí, aquí vivimos. Viajamos en este barco inmenso y maravilloso por el universo y por la Vida.
“Apenas iniciada en la dulzura de la comunicación, cualquier obstáculo le pareció intransponible como si a ella se le hubiera entregado el milagro de la savia que alimenta la planta y entonces dijese: es imposible. No sabía que ciertas cosas se hacían solas o entonces no se harían nunca. Acostumbrada a la propia fuerza de determinación, había terminado por pensar que andaba por que quería y dormía porque así lo había resuelto. Y ahora pensaba que antes de hablar era esencial saber cómo se habla. Con leve desesperación de felicidad miró el campo y las hierbas y las moscas: y todo se hacía solo, todo tenía la sabiduría del vivir. Pero ella no sabía como hacerse. Qué infeliz soy, se dijo entonces tranquila. ¿Pero sería infelicidad aquella inminencia para la cual todo de repente le pareció inclinarse, y aquel gran riesgo que uno corre? Y si eso fuera exactamente nuestra felicidad. “Me parece que eso es ser feliz”, pensó con curiosidad. Pues si ambos estaban ahí conversando… pues si el río corría gordo y lento… pues si al levantar sus ojos la copa opulenta del árbol se iluminó… pues si los cascarudos crepitaban en el aire… pues si los instantes jamás se repiten y por saber eso es que tenemos esta delicada sed… ¿qué felicidad podría desear además de esta? Quería que le aseguraran que aquello que sentía era tan real, a punto de suceder. Quería, quería que todo lo que sabía no estuviera más oculto.”
Clarice Lispector
Del libro: La Manzana en la Oscuridad
- la foto corresponde a un hermoso bordado -arte textil- realizado por mi querida amiga y artísta Flor Walfisch de su obra “me lo dijo mi garganta”
- el texto de Clarice Lispector me lo envió otro querido amigo, y artísta también él, Miguelito Nanni.
Gracias a Ernesto de Odiseo recibí este adelanto del film Acid Test que trata sobre el estado de nuestros océanos y la necesidad urgente de detener la enorme destrucción que estamos haciendo con la fuente de la vida: el agua.
Un teólogo famoso, en su mejor libro, Introducción al Cristianismo, amplió la conocida metáfora del fin del mundo formulada por el danés Sören Kirkegaard, que ya hemos referido en esta columna. Recontaba así la historia: en un circo ambulante, instalado a las afueras del pueblo, se declaró un grave incendio. El director llamó al payaso que estaba listo para entrar en escena y le dijo que fuese al pueblo a pedir socorro. Salió inmediatamente Gritaba por la plaza central y por las calles, pidiendo al pueblo que fuesen a ayudar a apagar el incendio. Todos lo encontraban divertido, pues pensaban que era un truco de propaganda para atraer al público. Cuanto más gritaba, más reían todos. Entonces el payaso se puso a llorar y todos reían más todavía. Y el fuego se extendió por el campo, llegó al pueblo y tanto el pueblo como el circo se quemaron totalmente.
Ese teólogo era Joseph Ratzinger. Hoy es papa y ya no produce teología sino doctrinas oficiales. Su metáfora, sin embargo, se puede aplicar muy bien a la situación actual de la humanidad, que dirige sus ojos al país de Kirkegaard y a su capital Copenhague. Los 192 representantes de los pueblos deben decidir las formas de controlar el fuego amenazador. Pero la conciencia del peligro no está a la altura de la amenaza de incendio generalizado. El calor creciente se hace sentir y la mayoría sigue indiferente, como en los tiempos de Noé, que es el «payaso» bíblico que alertaba del diluvio inminente. Todos se divertían, comían y bebían como si nada pudiera pasar. Y sobrevino la catástrofe.
Pero entre Noé y nosotros hay una diferencia. Él construyó un arca que salvó a muchos. Nosotros no estamos dispuestos a construir ningún arca que nos salve a nosotros y a la naturaleza. Eso sólo es posible si disminuimos considerablemente las sustancias que alimentan el calentamiento. Si éste sube de dos a tres grados centígrados podrá devastar toda la naturaleza y, eventualmente, eliminar a millones de personas. El consenso es difícil y las metas de emisión insuficientes. Preferimos engañarnos cubriendo el cuerpo de la Madre Tierra con un esparadrapo haciéndonos la ilusión de que estamos curando sus heridas.
Existe además un agravante: no hay un gobierno mundial para actuar de forma planetaria. Predominan los estados-naciones, con sus proyectos particulares, que no piensan en el conjunto. Absurdamente dividimos ese todo de forma arbitraria, por continentes, regiones, culturas y etnias. Sabemos hoy que estas diferenciaciones no tienen ninguna base. La investigación científica ha dejado claro que todos tenemos un origen común, puesto que todos venimos de África.
Consecuentemente, todos somos coproprietarios de la única Casa Común y somos corresponsables de su salud. La Tierra nos pertenece a todos. Nosotros la tenemos en préstamo de las generaciones futuras y nos ha sido entregada con confianza para que cuidemos de ella.
Si miramos lo que estamos haciendo, debemos reconocer que la estamos traicionando. Amamos más el lucro que la vida, estamos más empeñados en salvar el sistema económico-financiero que a la humanidad y la Tierra.
A los humanos como un todo se aplican las palabras de Einstein: «solamente hay dos infinitos: el universo y la estupidez. Y no estoy seguro del primero». Sí, vivimos en una cultura de la estupidez y de la insensatez. ¿No es estúpido y insano que 500 millones de seres humanos sean responsables del 50% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, y que 3.400 millones respondan solamente por el 7% y sean las principales víctimas inocentes?
Es importante decir que el calentamiento más que una crisis configura una irreversibilidad. La Tierra ya se ha calentado. Sólo nos queda disminuir sus niveles, adaptarnos a la nueva situación y mitigar sus efectos perversos para que no sean catastróficos. Tenemos que hacer fuerza para que en Copenhague entre el 7 y el 18 de diciembre no prevalezca la estupidez, sino el cuidado por nuestro destino común.
Hace un mes, aproximadamente, recibí este texto que esrcibió un reconocido astrólogo argentino que se llama Eugenio Carutti.
El texto es bastante largo, pero les recomiendo su lectura sin dudarlo ni un instante. Pueden copiarlo y pasarlo a un word y leerlo cuando puedan o quieran.
A mi, personalmente, me resuena mucho la mirada/lectura que hace Eduardo en relación a todo lo que nos está sucediendo en estos, y en todos, los tiempos. Espero que les guste tanto como me gustó a mi.
La Transformación de La Tierra: la mayoría de nosotros percibimos que una gigantesca transformación se está produciendo en la vida de la Tierra; nos damos cuenta que está ocurriendo un cambio muy acelerado y que las categorías habituales que utilizamos para comprender la realidad no nos dan el resultado que esperamos; todo esto genera enormes expectativas y una gran incertidumbre se agita en todos nosotros. Vivimos tiempos de enorme turbulencia en los que la cantidad de estímulos que debemos aprender a procesar en simultáneo nos parece casi insoportable.
Vamos a intentar una reflexión lo más amplia posible en el tiempo y en el espacio como para contener toda esta turbulencia. Estamos preocupados y ansiosos por los cambios de la humanidad; por los procesos históricos, sociales, políticos. Pero vamos a enfocarlos de una manera diferente a la habitual; les propongo observar este proceso, no como una serie de hechos algo que protagonizamos simplemente los seres humanos a causa de nuestras limitaciones o de nuestras cualidades, sino como un proceso planetario, como un proceso que vive la Tierra entera. Nosotros somos criaturas de la Tierra, somos terrestres, y es la Tierra la que está haciendo un cambio gigantesco y por eso nosotros, los humanos estamos cambiando.
Suelto es el espacio personal de Pablo Benavides. Un ciudadano del mundo que vive en el barrio de Villa Urquiza -Buenos Aires- al que le gustaría que todos pudiésemos vivir un poco mejor.
Creer que una vida mejor es posible si entendemos que todo está interconectado, que formamos parte de algo más grande que nos incluye y nos trasciende.
Aclaración: este no es un medio periodístico, es mi blog, mi bitácora, mi diario, este es el lugar donde comparto mis ideas y reflexiones, y comento ideas de otros que me parecen interesantes. Por ello, las opiniones expresadas en este blog, son de mi exclusiva responsabilidad y no busco representar la opinión de otros y pudiera suceder que no coincidan con las de las organizaciones en las que me he desempeñado o desempeño actividades.