Suelto Inspiración para el Cambio

El Astronauta

Escrito el 06/09/09 | En: Arte

Salvo el hecho de escribir en el blog, no tengo la costumbre de escribir cuentos o poesía u otras variantes. Sin embargo hoy -conversando con Paula- recordé un cuento que escribí hace un par de años para un taller de creatividad que estaba haciendo en ese entonces. Recién lo leí y me causó gracia volver a leerlo. Si están desvelados, aquí va un cuento, tal vez el único cuento que escribí:

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El astronauta John Davis se encuentra en su tercer día de aislamiento, en su microcapsula espacial. Luego de una emergencia provocada por un asteroide que impactó en el ala izquierda de la base se vio forzado a ejecutar el plan último en su intento por la supervivencia que un astronauta quiera vivenciar jamás.

Sus compañeros habían quedado separados por toda la base y él no sabía cuantos de ellos había podido llegar a sus respectivas microcapsulas de supervivencia.

Allí se encontraba él flotando en el espacio sin saber si era el único sobreviviente de tan trájico accidente. Solo sabía que tenía oxígeno y comida, si es que se la puede llamar así, para tres días más.

Su reloj-cronometro de la misión le indica que faltan 8 horas para poder coincidir con el satélite que le permitiría entablar comunicación con la NASA por un período de 20 minutos. También sabía que la Estación Espacial Alfa XXIV estaba a unos miles de kilómetros de ahí pero que contaban con explorardo interespacial de alta complejidad con propulsión teledirigida que podría rescatarlo a él, e inclusive, a tres compañeros más y llevarlos a salvo a la estación. Solo ésta luz de esperanza podía ayudarlo a soportar el asedio de imágenes horrendas de la catástrofe.

Una y otra vez, venían a su meten los reflejos en el vidrio de la capsula de las explosiones y de la tierra allá lejos. Imágenes de exilio más terrible y más temible que un humano en el espacio pueda imaginar y soportar.

A pesar de todo esto, el tiempo siguió transcurriendo. Cinco horas, cuatro horas.
El oxigeno parecía acabarse. Pero no podía ser posible. Supuestamente debería tener aire para tres días más. Tres horas. O estaría consumiendo más aire de lo indicado y por eso se estaba acabando. Dos horas. Ya no sabe bien porqué pero empieza a tener el pálpito de que se va a morir. Una hora.

Llegar a soportar la próxima hora sería, claramente, la diferencia entre la vida y la muerte. Por eso juntó todas su fuerzas y sus ansias de sobrevivir.

Solo pensaba en volver a estar en la puerta de su casa lavando su viejo Oldsmobile que su padre le había dejado con tanto cariño y, saber, que dentro de su hogar estaban su mujer y sus hijos disfrutando de sus tareas cotidianas de un día como cualquier otro.

Pi-pi-Pip, Pi-pi-Pip… Gracias al cielo, la NASA había pensado en esto y si no fuera por la alarma de su reloj-cronometro -que le avisaba de la presencia del enlace- nunca hubiese salido de ese trance y estado de conciencia sin tiempo, estaba entre la vida y la muerte. Allí, flotando.

Abrió el compartimento. Sacó inmediatamente el teléfono –ya que no había tiempo que perder-. Discó los códigos y números que allí mismo estaban registrados. Y luego de varios rings escuchó una voz que sellaría su destino para siempre:

- “Usted se ha comunicado con la NASA, nuestro horario de atención es de lunes a viernes de 9 a 18 hs. Para enviar un fax o dejar un mensaje hágalo después del bip…”

Hay 1 comentario:

pau (7 de September de 2009)

aplausos !!
: ) besos

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